Recuerdo perfectamente la primera vez que oí hablar de ella. Fue en un fiat bravo verde, cargado hasta los topes, donde Diego me explicaba, camino del Cein, que se iba a vivir con ella y estaba de mudanza: verano del 96. En aquel coche coincidimos muchas veces y ahí comenzaron nuestras charlas.
Nos fuimos descubriendo en muchas cenas “eneemepé” y “niumedias” pero guardo en mi cabeza una muy especial, aquella en la que me contó su deseo de ser madre.
Casi 15 años después, puedo decir que yo también conozco a Ana: apasionada, luchadora, compañera, curiosa, inquieta, madre, divertida, amiga, bloguera, trabajadora, fashion-woman, idealista e inspiradora.
Seguro que dentro de otros 15 años descubriré en ella otros talentos que merecerá la pena rememorar.
El Fiat Bravo


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